Fue la zona maya, al sureste de lo que hoy es México, el escenario donde se encontraron los habitantes de dos mundos. Los dinámicos mayas, primeros indígenas del continente en presenciar el arribo de naves extrañas sobre el mar, vieron cómo en las costas de Cabo Catoche o Tulum encalló un naufragio al que habrían de sobrevivir dos españoles: Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero. Esa escasa presencia sería, no obstante, la señal y la punta de lanza de la histórica invasión hispánica en la antigua formación social mesoamericana.
El estudio de estos dos españoles, que permanecieron ocho años entre los mayas sin ningún otro contacto y aprendieron la lengua y las costumbres indígenas, nos dice Luis Barjau, pone de relieve tres importantes elementos: las distintas dinámicas de comunicación entre los dos mundos en contacto -a través de Aguilar, junto con la Malinche, como llaves lingüísticas en la ruta de Cortés-, la profunda integración de un español en el "Nuevo Mundo"- el caso de Guerrero, que permaneció entre los mayas de Chetumal, se convirtió a la religión y a la cultura locales, y con una mujer indígena de la región procreó a los primeros mestizos históricos- y el fenómeno del mestizaje. Éstos son los puntos constitutivos que, con la exploración del Caribe, ofrecerán una muestra de la integración y el surgimiento de la identidad latinoamericana, y una ocasión idónea para el análisis comparativo entre fenómenos culturales similares de otras latitudes del continente.